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La Salle siempre ''mira más allá''
Nuestra historia
Nuestra historia nace de la mano de san Juan Bautista de La Salle, Fundador del Instituto de los Hermanos de las Escuelas Cristianas y Patrono de los Educadores Cristianos. Nacido en la localidad francesa de Reims en 1651 y fallecido cerca de Rouen en 1719.
Empeñado en dejarse empapar por la realidad que le tocó vivir, mirar más allá y dar una respuesta desde la educación a quienes más lo necesitaban, san Juan Bautista y sus Hermanos lograron con éxito crear una red de escuelas de calidad que hoy está extendida por todo el mundo y que sigue haciendo realidad su sueño y misión.
En España, la presencia lasaliana comenzó en 1878, cuando algunos Hermanos llegaron a Madrid para encargarse del Asilo de Huérfanos del Sagrado Corazón de Jesús. Venían de la mano de la dama burguesa Dª Ernestina Manuel de Villena, que los había conocido en Francia y quiso aprovechar sus dotes pedagógicas en una de sus obras de caridad.
Hoy, lo que empezó con una obra se ha multiplicado en más de 120 que salpican nuestra geografía.
Carisma lasaliano
El carisma lasaliano es el espíritu que mueve el corazón de la familia lasaliana. Se manifiesta en el modo de sentir y mirar a la vida y, de modo más concreto, en una sensibilidad especial ante las necesidades educativas de niños, niñas y jóvenes, especialmente de quienes padecen mayores carencias.
El carisma promueve la responsabilidad de buscar solución a las necesidades que se plantean y genera la creatividad que hace eficaces las respuestas.
El carisma nos enraíza en la comunidad: es la forma de vida y el modo de educar de la comunidad lasaliana.
El carisma lasaliano plantea el desafío constante de convertir cada obra o proyecto de educación en un proyecto de evangelización, donde la persona es el centro del proceso y donde Jesús, y su Evangelio, es el horizonte que lo orienta.
Familia lasaliana
Un lasaliano es cualquier persona que se siente parte de la familia lasaliana a través de una relación afectiva o institucional, y que contribuye, de una manera u otra, a dar respuesta a las necesidades de los niños, niñas, jóvenes y adultos, especialmente de los más excluidos de la sociedad.
La familia lasaliana está abierta a la colaboración con otras instituciones que trabajan en la construcción de un mundo mejor y más humano, Así, coopera con todas las personas de buena voluntad y de diversas tradiciones religiosas, desde una perspectiva intercultural de encuentro, diálogo y paz.
Comunidades lasalianas
El proyecto educativo lasaliano ha estado ligado históricamente a una comunidad que ha buscado vivir y desempeñar su misión desde criterios de fraternidad y evangélicos. Durante casi tres siglos, estas comunidades estuvieron formadas solamente por Hermanos.
En los últimos años, la comunión para la misión ha impulsado la participación en el carisma lasaliano de nuevos miembros. Ello ha hecho que nazcan comunidades mixtas, formadas por Hermanos con asociados y otros lasalianos, y comunidades integradas solo por asociados y otros lasalianos.
La Red de Comunidades Lasalianas se organiza en trece zonas en las que se reparten las comunidades. Estas son las zonas: (1) Andalucía Occidental; (2) Andalucía Oriental; (3) Canarias; (4) Madrid; (5) Valencia-Teruel; (6) Baleares; (7) Catalunya; (8) La Rioja-Zaragoza; (9) Gipuzkoa; (10) Bizkaia; (11) Cantábrico; (12) Valladolid; (13) Galicia-Portugal.
Vocaciones lasalianas
En La Salle, la “cultura vocacional” se entiende como un ambiente social y humano, generado en el entorno de una comunidad o una obra educativa, que promueve la concepción de la vida humana como vocación. Es un ámbito que permite a cada individuo, creyente o no creyente, descubrir el sentido de su vida y vivirlo con pasión.
La vocación lasaliana se concibe abierta a “todos”. Toda persona tiene una vocación y está llamada a vivirla y a compartirla, coherente con su forma de pensar, sentir y actuar.
La vocación es un proceso que dura toda la vida. No se reduce a una única experiencia puntual. Más bien, se percibe como una sucesión de llamadas y respuestas, en un diálogo en libertad, entre Dios y cada ser humano, que se concreta en una misión, que ha de descubrirse continuamente en las diversas etapas de la vida y en contacto con las nuevas realidades.
Así, como lasalianos, podemos vivir nuestro compromiso con la misión desde distintas vocaciones, teniendo un carácter de reconocimiento público las de Hermano y asociado o asociada.


